Setas más venenosas: peligro escondido al pie de los árboles

Setas más venenosas

Son ricas, sí, pero muchas esconden en su carne toxinas capaces de matar. Por eso se recomienda tener mucho cuidado cuando se trate de su consumo para evitar las setas más venenosas. La micología, el arte de recoger setas, ha establecido algunas técnicas para reconocerlas y evitar comerlas.

Aun así, son muchos los accidentes que ocurren, incluso entre micólogos. Algunos mitos también hay que derrumbarlos, a fin de no poner la vida en riesgo. En España han sido descritas algunas de las especies de las setas más venenosas, como una alerta a quienes las recogen y a quienes, en las zonas rurales, sienten tentación por comerlas.

Los principales síntomas de una intoxicación micológica son diarreas, vómitos y dolores abdominales. Presagian, en la mayoría de los casos, un mal mayor y mientras más tarden en aparecer en relación con la ingesta, implican un mayor daño hepático, el órgano regularmente afectado en estos procesos tóxicos.

La Amanita phalloides, entre las setas más venenosas

El consumo de la Amanita phalloides, una de las setas más venenosas, cobra vidas anualmente en el mundo. Incluso el emperador romano Claudio fue envenenado con ellas. Conocida también como oronja verde, hongo de la muerte, oronja mortal o cicuta verde, se confunde con setas comestibles provocando intoxicaciones.

Las toxinas de la oronja verde causan daño renal y hepático. Los síntomas comienzan con fuertes vómitos y diarreas, acompañadas incluso con sangre. Mientras más se tarde en aplicar el tratamiento luego de la ingesta y la aparición de los síntomas, más daño causa. A menudo es confundida con la seta de arroz, un popular hongo utilizado en gastronomía asiática.

De sabor agradable, presenta un color heterogéneo con tonos verde oliva, y es particularmente abundante en años lluviosos en toda Europa, Norteamérica e incluso Australia. Medio sombrero de este hongo contiene suficiente toxina para matar a un adulto.

Lepiotas, incluye hongos potencialmente mortales

Se confunden a menudo con un pariente de mayor tamaño, la macrolepiota, también llamados apagadores. Las lepiotas, incluyen también setas más venenosas, presentan pequeño tamaño y aunque son escasos, han producido la muerte de quienes las han ingerido. Está presente en toda la península Ibérica, siendo su época de mayor frecuencia el otoño.

Para evitar accidentes, los micólogos descartan todos los apagadores cuyo diámetro de sombrero no sea mayor a diez centímetros.

Cuidado con la Galerina marginata

La Galerina marginata está entre las setas más venenosas por el poder de la toxina que segrega. Se trata de un hongo pequeño, de exclusivo crecimiento al pie de las coníferas, con una cutícula lisa y de tonos ocres. Una de las maneras para distinguirlo, es un anillo que crece en su pie, entre el sombrero y la base. Es potencialmente mortal.

El hongo bonete, un cerebro muy peligroso

El hongo bonete, también llamado falsa colmenilla, ha sido identificado como riesgoso de muerte a quien lo ingiera. Su sombrero presenta numerosas curvas y pliegues, como un cerebro parduzco cuya intensidad varía dependiendo de la humedad: se inicia amarillo ocre y va oscureciéndose con la sequía.

Gyromitra esculenta, nombre científico de este hongo, se confunde con la seta nameko, que sí es comestible. El hongo venenoso segrega toxinas relacionadas con el veneno de las especies de Amanita, que destruyen las células hepáticas y renales.

Los mitos de los hongos o setas venenosas

Nada tiene que ver el veneno de un hongo con su cocción. Algunas toxinas sobreviven a las altas temperaturas, sin que el calor les haga perder su efecto venenoso. También se tiene la falsa creencia de que si una seta es de color brillante es venenosa, cosa falsa puesto que la Amanita phalloides es de color verde pálido y a veces blanquecina.

La experiencia en micología es lo único que garantiza que, al recoger setas, se escojan las que sean comestibles, dejando las otras en su entorno natural.

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